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TITIRISCOPIO


La Manzana Cromática Protoplasmática
2010
Por: Matías Recis

“Titiriscopio”, el segundo álbum de La Manzana Cromática Protoplasmática
El murmullo de los colores

La Manzana Cromática Protoplasmática esconde uno de los secretos más radiantes de la escena. En sus presentaciones, entrecruzan distintas vertientes, como la música, el teatro, el circo, el happening y las artes visuales. Con un pie en Haedo y el otro en el planeta Cromo, este conjunto abrió su discografía con “El tren de la vía Láctea” (2006). Aquí, resumieron una estética que venían desarrollando en sus conciertos, desde el año 2000.

Recientemente este grupo -constituido por catorce identidades antropomorfas- publicó su segundo disco, “Titiriscopio” (grabado por Ricardo Lorenzo en Tribal Records y cuya ingeniosa gráfica corresponde a Ailen Lanzamidad y Hernán Vargas). Su música multicolor fricciona una infinidad de paisajes. Así, esta placa desprende bocanadas de música concreta, balcánica, infantil, dixieland, country, reggae, folklore, electrónica, psicodélica y diversas texturas latinoamericanas (sin neutralizar su inspiración en compositores como Spinetta, Stravinski y Zappa).

Sus letras recorren situaciones y personajes fantásticos y surrealistas. Con ese lente, en Cinema describe un viaje en el furgón del tren Sarmiento. Conjuntamente, en Tela araña, el grupo utiliza su característica transformación armónica, alcanzando diversos contrastes y dinamismos; Resbalando en la cera de tu oreja, enhebra la música circense y de dibujos animados (una mixtura habitual en este conjunto); y La rendija espacial, hace lo propio con una cadencia hipnótica y circular. En la construcción de cada una de estas atmósferas, es medular el magnetismo de su líder y compositor, Botis. Con su guitarra criolla y su voz –junto a un aura de Miguel Abuelo- trasporta esta placa hacia el hemisferio más introspectivo y místico (en ejemplos como Detrás de la ventana y La franja).

A diferencia de su primer disco, que fragua una estética instrumental (y gestos experimentales y lúdicos), en “Titiriscopio” La Manzana se centra en un esquema compositivo de canción. En esta segunda producción, los temas son más lineales; los cortes y cambios rítmicos son un canal menos frecuente.

Sin dudas, entre las carencias substanciales de este nuevo álbum se encuentra la incapacidad de no saber cuándo dejar de incorporar arreglos sobre las canciones; y, por otro lado, no discernir entre aquellos elementos que estimulan la composición y los que restan. Los planos sonoros y los instrumentos asiduamente no intercalan sus protagonismos (como en Pequeña flor). Tampoco existe, en los arreglos orquestales de este disco, la percepción para desechar ciertos timbres. Ergo, estos se superponen (muchas veces sin escuchar lo que el tema reclama, como en Cercana lejanía).

Así, varias canciones de “Titiriscopio” van eclipsando su brillo natural-mientras el manantial de creatividad que representa La Manzana Cromática se torna aquí una madeja acéfala.