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Los Grafittis
Por: Julieta Berardo - julieta@recis.com.ar
Los grafittis son motivo de polémica actual en las ciudades. Para algunos son simples leyendas escritas con aerosol sobre las paredes, para otros son una de las causas de destrucción de la estética de las urbes y para otros definitivamente es un arte. Lo que no se puede discutir es que se trata de una forma de expresión particular, principalmente usada por jóvenes para transmitir determinados mensajes.
Si nos remontamos a su origen, encontramos que aparecieron a fines de la década del sesenta en Nueva York. Eran hechos por jóvenes llamados writers (escritores) provenientes de etnias y ambientes sociales marginales, representando una cultura de la calle conectada con el rap y el break dance. Eran realizados para marcar el territorio poniendo nombres o apodos con los que se identificaban, así como también mensajes para sus amigos y enemigos.

En 1971 un periodista del New York Times publicó un artículo basado en una entrevista a un joven que dejaba la huella de su nombre por toda la ciudad, especialmente en las estaciones de trenes. Esto conmocionó a sus contemporáneos y empezaron inmediatamente a copiarlo. Se expandió tanto esta idea al punto de que competían por quién aparecía más veces en las paredes. Para sobresalir con la originalidad, empezaron a crear logos (llamados también tags) y dejarlos grabados. A su vez, empezaron a experimentar con los diferentes colores y tamaños. Su pico más alto fue cuando en 1975 grafittearon todo un vagón.

Algunos autores de grafittis llegaron a convertirse en artistas, como Jean-Michel Basquiat, Keith Haring o Kenny Scharf, quienes realizaron en sus obras una mezcla de signos e imágenes tomadas de la cultura de la calle con otras procedentes de la historia del arte.
Si bien este movimiento comenzó siendo exclusivo del rap, en la actualidad está expandido en todos los estilos, incluso fuera del ámbito de la música. Pero siempre fueron hechos para expresar algo a toda la comunidad: ya sea un sentimiento, una idea o una pasión. Otros simplemente son nombres; esto seguramente se debe a la misma causa que la de los orígenes. Los que son incompletos generan un misterio y varias posibilidades de respuesta al porqué.

Se los puede encontrar sobre amor, odio, política o fútbol. En general, están hechos para ser mirados rápidamente: por ejemplo los vemos mientras vamos apurados caminando por la calle, o cuando pasamos viajando en un colectivo, y sin embargo, muchos logran quedarnos en la memoria. También existen los que son pagados (políticos en su mayoría), o sea que también tienen una función difusora. Esta es la función que usan en los grafittis algunas bandas de rock para divulgarse. Al leer su nombre tantas veces ya nos resultan familiares. Hay muchos ejemplos de esto en Buenos Aires: bandas que antes de ser masivas ya nos “suenan”.

Para concluir, en mi opinión pesan más sus ventajas que sus desventajas. Sus partes positivas son: la descarga emocional o ideológica de un grupo de la sociedad y la difusión de de las mismas, así como también publicidad para las bandas. También existen los mensajes en grafittis que nos pueden “abrir la cabeza” en cierto sentido (por ejemplo: “nos mean y la prensa dice que llueve”). Es indiscutible que en ciertos lugares quedan antiestéticos, pero, ¿quién puede admitir que nunca lo entretuvieron durante los largos viajes por la ciudad? Yo no.

Bibliografía usada:

http://www.ciudad.com.ar/ar/portales/chicos/nota/0,1437,37895,00.asp

http://www.telepolis.com/cgi-bin/web/DISTRITODOCVIEW?url=/1599/doc/galeria/graffitisennuevayork.htm